Mi minuto 131: Ya estoy aquí
Como aquel que dice, hace cuatro días que he vuelto tras unas cortas vacaciones, comprobado que nada ha cambiado y que seguimos con ¡más de lo mismo! No me ha tocado el euromillón, y eso que para engañar al azar esta vez rellené mi boleto en una provincia distinta. Pero al menos no he tenido tantos imprevistos como el año pasado, gracias a unas vacaciones “anticrisis” (hogar dulce hogar y si puedes también el de algún familiar).
Lo peor es lo jorobado que resulta la vuelta, con lo que cuesta ligar bronce sin quemarse, cuidándote por culpa de la inexistente capa de ozono, que si el cáncer de piel, protección 50+, antioxidante para el pelo, no vaya a ser que un rayo solar te fría las cuatro neuronas que te quedan, protección post solar, para por si acaso, dieta de lechuga para mantener la línea de flotación a raya… Todo esto, para que cuando vuelves al trabajo con la ilusión del reencuentro con tus queridos compañeros, haciendo una entrada triunfal en el flamante edificio asegurador, forrado de fotos de Vicente del Bosque y los chicos de la Selección, oeoeoeoe… te digan nada más llegar ¿qué buena cara traes, no?, pues ¡hala guapa!, qué te pides “susto o muerte”. O mejor, quédate con los dos, que van en un mismo pack indivisible, como los yogures. Vale, ¿alguna otra elección? NO.
Por cierto, que las vacaciones bien, gracias.
Pero más que el susto o muerte, a los que una se va acostumbrando, lo que más me ha dolido es que al día siguiente de marcharme de vacaciones me robaron la alcaldía foursquare de Seguros Pelayo que había ganado con mi iPhone, al más puro estilo, quien se fue a Sevilla perdió su silla, con lo que me costó ganarla, y los puntos extra que me daba para alcanzar uno de los sillones del Consejo de Administración de mi empresa. ¡Qué fatalidad!
No me digáis que no es para coger el hacha o mejor, la motosierra de mi padre, que ya podía haber aprovechado ayer que coincidía con viernes 13, y liarte a cortar cabezas, con lo que eso debe relajar.
Desde luego nada comparable con esa prima de riesgo que se pasa el día subiendo, igual que crece la deuda de la banca, la gasolina, la tasa de paro o el IVA. Aunque para contrarrestar, bajan los salarios de los funcionarios, que este año tendrán que hacer la dieta del turrón virtual, al igual que bajan los mineros del norte de España a Madrid. ¡Qué verano nos espera!
Y qué me dices del incendio que asoló miles de hectáreas en Valencia, aprovechando mi estancia. Seguro que a alguno se le fue la mano con la pirotecnia y juro que no tuve nada que ver, que yo fui a celebrar una boda espectacular, aunque terminé con un espectáculo de tracas y de goles gracias a la Selección de Futbol. Y luego están los recién terminados Sanfermines, que si carrera limpia, carrera rápida, carrera corta,… si si, pero bien SOSOS, si apenas ha habido cogidas, con la emoción que le dan a esta fiesta tan internacional. Y ¿dónde se quedaron los posados de la Obregón de cada verano? Un asco.
Menos mal, que todavía nos queda el “Tinto de Verano”, y que la “Roja” y el minuto 116 al que debo mi blog minutero, me siguen dando alegrías. Y que no pienso cejar en el empeño de recuperar mi Alcaldía, conseguir el sillón del Consejo, y sobre todo, tocar la gloria con el euromillón. Oeoeoeoe.
Para terminar, os repito una frase que ha circulado mucho por las redes estos últimos días y que creo define el sentir de los españoles. Al menos yo lo siento así.
Vaya mierda de España, crisis, paro, qué mierda de vidGOOOOOLLLLLL!!! GOOOOL de ESPAÑA. Yo soy ESPAÑOL, ESPAÑOL, ESPAÑOL.
¡Feliz Verano!



